¿Qué y cuáles son los factores de riesgo en adolescentes infractores?

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Los factores de riesgo son el conjunto de características individuales o de una comunidad que pueden facilitar e incrementar la probabilidad de desarrollar trastornos emocionales o conductuales, como por ejemplo conductas delictivas. Siendo la delincuencia juvenil un fenómeno social multicausal, en el cual se interrelacionan factores socioculturales, económicos, familiares e individuales. Y la adolescencia resulta un periodo crítico en la formación de la personalidad donde los factores psicosociales: individuales, familiares y ambientales, determinarán las bases de la conducta del individuo y su relación con el medio en el que se desenvuelve.

Los factores individuales están relacionados con mediadores biológicos: anormalidades neurofisiológicas, diferencias biológicas y evolutivas; y conductuales: actitudes favorables a la violencia y la hostilidad, creencias antisociales y deshonestidad. La familia del menor es un factor de riesgo principal, ya que este contribuye al desarrollo de conductas adaptativas y prosociales así como también la ausencia de este genera el desarrollo de actividades delincuenciales precoces.

En ello tiene mucho que ver los estilos educativos inadecuados; y la violencia observada en los padres es tan perjudicial para los menores como recibir la violencia directamente. En tercer lugar, los factores sociales, que se ve muy a menudo en la asociación del adolescente con un grupo de compañeros con tendencias y comportamientos antisociales; habitualmente cuentan con un grupo de amigos desviado, o incluso pertenecen a pandillas violentas.

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Resulta primordial el trabajo del psicólogo social para el proceso de rehabilitación socioeducativa del adolescente que ha tenido conflicto con la ley penal y cumple con medidas socioeducativas tanto en los centros de internamiento juvenil como en los centros de servicio de orientación al adolescente, donde a través de la educación social centrada en la trilogía individuo-familia-comunidad, en su doble orientación: como adquisición de competencias sociales y como proceso de socialización, reintegrando al adolescente a la sociedad, desarrollando la capacidad de reconocer normas, valores y actitudes positivas necesarias para relacionarse y convivir en comunidad.

Cabe resaltar la necesidad de un trabajo de prevención y promoción de comportamientos positivos tanto en los adolescentes infractores, como en aquellos que podrían estar en riesgo de caer en conductas delictivas, sus familias y la comunidad en su conjunto para prevenir que se den estos comportamientos antisociales o se repitan.

Un texto de Ana Chambi y Savina Yulisa, estudiantes de Psicología de la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa.

Bibliografia

https://scielo.isciii.es/pdf/sanipe/v22n3/es_2013-6463-sanipe-22-03-104.pdf
https://psicologia.ucm.es/data/cont/docs/29-2014-07-29-02%20MAMPASO%20(2).pdf
http://scielo.sld.cu/pdf/ped/v71n1/ped06199.pdf
https://pesquisa.bvsalud.org/portal/resource/pt/ibc-201162?lang=es

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